A Pita Cega

D.O.: Vino no acogido a denominación de origen.

Bodega: Lagar de Sabaríz.
Uvas: Albariño y Treixadura.

Elaborado a partir de cepas procedentes de 4 hectáreas cultivadas biodinámicamente (con certificación Craega), sobre suelos de granito y cuarzo.

Pilar Higuero es una andaluza de padres catalanes y «algún abuelo francés», con alma gallega y hacedora de vinos en Ribeiro, fuera de la Denominación de Origen. Hace 15 años «llegó a sus manos» una finca de 30 hectáreas en la que hace 400 años ya se elaboraba vino: El Lagar de Sabariz. En ella hay 4 hectáreas de viñedo, huertas donde se cultiva de todo, muchos árboles y también animales. Se planteó hacer vino con aquellas vides siguiendo estrictamente los designios de la agricultura biodinámica, por supuesto sin atenerse al Consejo Regulador de su zona, con la intención de «hacer el mejor vino de Ribeiro, sin D.O.». La llamaron loca y trataron de desanimarla. «¡Planta patatas!», le decían. También las plantó, con excelentes resultados.

Pilar describe la biodinámica de manera llana, hablando muy claro. Dice que es «vida y energía». Más que un método de cultivo es una forma de vida. Desarrollada a principios del siglo XX por Rudolf Steiner, la biodinámica busca devolver la vida biológica al suelo, maltratado exclusivamente por la mano del hombre. La misión de este método de cultivo es restablecer el equilibrio y hacer nuestro mundo más bello. La biodinámica es cosmética, pero también es higiene, y la higiene es salud. Con su alma gallega y profundo acento andaluz, asegura que este tipo de agricultura es en un 80% agronomía, un 15% de ecología y un 5% de biodinámica. Este pequeño porcentaje es un conjunto de medidas que actúan con sutileza y permiten al vino expresar mejor el terroir del que proviene.

Comenzó a elaborar «A pita cega» (La gallinita ciega) en el año 2010, un año con poca uva, pero magnífica. El vino era soberbio y se elaboró muy poca cantidad… que acabó perdiéndose por una travesura canina en bodega y la rotura de un depósito, según cuenta. La añada 2011 fue la primera que salió al mercado obteniendo 92 puntos Parker y siendo, meses después, denominado el «Mejor blanco de España”.

Puedes escuchar sobre este tipo de vinos muchos calificativos. «Frikis», raros y complicados, serán quizá los adjetivos más frecuentes. Pero al final se trata de vino honesto, sin disfraz, que sale al mercado a pecho descubierto para enamorar… Elaborado bajo unos preceptos agrícolas que no son simplemente ecología, ni metafísica ni rituales sin sentido. Se trata del resultado del trabajo de personas apasionadas que tienen como meta el mejor producto posible y como filosofía de trabajo el mayor de los respetos a la naturaleza, sintiéndose parte de la misma y no actores externos capaces de cambiarlo todo. Estos métodos de cultivo han sido desarrollados durante años por químicos e ingenieros agrónomos, y también por viticultores profesionales de gran formación, experiencia y prestigio. Los vinos biodinámicos tienen más capacidad para expresar mejor la mineralidad, algo que persiguen continuamente los enólogos. No se puede explicar científicamente cómo funciona, pero sí se pueden medir los resultados catando el producto final. Si la biodinámica mejora los vinos, su metodología es algo más que interesante.

«A pita cega» es un vino blanco sin denominación de origen, elaborado con las variedades albariño y treixadura. Fermentado en depósitos de acero y criado durante 12 meses con sus lías finas. Perfecto para maridar con pescados y mariscos. En cuanto a describir su cata, debemos tener en cuenta que en vinos naturales, cada botella es distinta. Si hablamos siempre de que el vino es un producto vivo, en este tipo de vinificación esta palabra toma todavía mayor protagonismo, pero en general podemos decir que es un vino fresco y agradable en nariz, con notas cítricas y florales. También algo de miel. Buena intensidad y recuerdos de fruta blanca madura. En boca, como puede esperarse de un vino criado con sus lías durante un año, es untuoso, cremoso, de acidez punzante. De nuevo encontramos su carácter cítrico, siendo amplio y de buena persistencia.

Precio aproximado en tienda: 35 – 40 €.
Precio aproximado en restaurante: 50 – 60 €

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